LECTURA INTERPRETATIVA DEL CUENTO
EL PADRE
Una historia sobre el amor paternal y los sacrificios silenciosos
Olegario Lazo Baeza (Chile, 1878-1964)
📖 La Historia
Un viejecito de barba blanca y larga, bigotes enrubiecidos por la nicotina, manta lacre, zapatos de taco alto, sombrero de pita y un canasto al brazo, se acercaba, se alejaba y volvía tímidamente a la puerta del cuartel. Quiso interrogar al centinela, pero el soldado le cortó la palabra en la boca, con el grito:
El suboficial apareció de un salto en la puerta, como si hubiera estado en acecho.
Interrogado con la vista y con un movimiento de la cabeza hacia arriba, el desconocido habló:
El cabo soltó la risa. El centinela permaneció impasible, frío como una estatua de sal.
El cabo arrugó la frente y repitió, registrando su memoria.
Y con tono seguro.
El paisano se irguió sobre las gruesas suelas de sus zapatos, y sonriendo irónicamente.
El trompeta, que desde el cuerpo de guardia oía la conversación, se acercó, codeó al cabo diciéndole por lo bajo:
El cabo envolvió al hombre en una mirada investigadora, y como lo encontró pobre, no se atrevió a invitarlo al casino de oficiales. Lo hizo pasar al cuerpo de guardia.
El viejecito se sentó sobre un banco de madera y dejó su canasto al lado, al alcance de su mano. Los soldados se acercaron, dirigiendo miradas curiosas al campesino e interesadas al canasto. Un canasto chico, cubierto con un pedazo de saco. Por debajo de la tapa de lona empezó a picotear, primero, y a asomar la cabeza después, una gallina de cresta roja y pico negro abierto por el calor.
Al verla, los soldados palmotearon y gritaron como niños:
El paisano, nervioso por la idea de ver a su hijo, agitado por la vista de tantas armas, reía sin motivo y lanzaba atropelladamente sus pensamientos:
Y con su cara sombreada por una ráfaga de pesar, agregó:
Más alegre, rascándose detrás de la oreja:
Uno de guardia, pesado y tieso por la bandolera, el cinturón y el sable, fue a llamar al teniente.
Estaba en el picadero, frente a las tropas en descanso, entre un grupo de oficiales. Era chico, moreno, grueso, de vulgar aspecto.
El soldado se cuadró, levantando tierra con sus pies al juntar los tacos de sus botas, y dijo:
No sé por qué fenómeno del pensamiento, la encogida figura de su padre relampagueó en su mente…
Alzó la cabeza y habló fuerte, con tono despectivo, de modo que oyeran sus camaradas:
El soldado dio detalles no pedidos:
Rojo, mareado por el orgullo, llevó la mano a la visera:
La malicia brilló en la cara de los oficiales. Miraron a Zapata… Y como éste no pudo soportar el peso de tantos ojos interrogativos, bajó la cabeza, tosió, encendió un cigarro, y empezó a rayar el suelo con la contera de su sable.
A los cinco minutos vino otro de guardia. Un conscripto muy sencillo, muy recluta, que parecía caricatura de la posición de firmes. A cuatro pasos de distancia le gritó, aleteando con los brazos como un pollo.
Sin corregir la falta de tratamiento del subalterno, arrojó el cigarro, lo pisó con furia y repuso:
Y para no entrar en explicaciones, se fue a las pesebreras.
El oficial de guardia, molesto con la insistencia del viejo, insistencia que el sargento le anunciaba cada cinco minutos, fue a ver a Zapata.
Mientras tanto, el pobre padre, a quien los años habían tornado el corazón de hombre en el de niño, cada vez más nervioso, quedó con el oído atento. Al menor ruido, miraba hacia fuera y estiraba el cuello, arrugado y rojo como cuello de pavo. Todo paso lo hacía temblar de emoción, creyendo que su hijo venía a abrazarlo, a contarle su nueva vida, a mostrarle sus armas, sus arreos, sus caballos…
El oficial de guardia encontró a Zapata simulando inspeccionar las caballerizas. Le dijo, secamente, sin preámbulos…
Zapata, desviando la mirada, no contestó.
Zapata golpeó el suelo con el pie, se mordió los labios con furia y fue allá.
Al entrar, un soldado gritó:
La tropa se levantó rápida como un resorte. Y la sala se llenó con ruido de sables, movimientos de pies y golpes de taco.
El viejecito, deslumbrado con los honores que le hacían a su hijo, sin acordarse del canasto y de la gallina, con los brazos extendidos, salió a su encuentro. Sonreía con su cara de piel quebrada como corteza de árbol viejo. Temblando de placer, gritó:
El oficial lo saludó fríamente.
Al campesino se le cayeron los brazos. Le palpitaban los músculos de la cara.
El teniente lo sacó con disimulo del cuartel. En la calle le sopló al oído:
Y se entró bruscamente.
El campesino volvió a la guardia, desconcertado, tembloroso. Hizo un esfuerzo, sacó la gallina del canasto y se la dio al sargento.
Dijo adiós y se fue arrastrando los pies, pesados por el desengaño. Pero desde la puerta se volvió para agregar, con lágrimas en los ojos:
🧠 Quiz de Comprensión
Responde estas preguntas para verificar tu comprensión de la historia:
🔍 Símbolos de la Historia
Haz clic en cada elemento para descubrir su significado simbólico:
🐔 La Gallina
Regalo del padre
🎖️ El Uniforme
De Manuel Zapata
🧺 El Canasto
Contenedor del regalo
⚖️ Valores y Anti-valores
Identifica los valores presentes en la historia. Haz clic en cada uno:
⏳ Línea de Tiempo de la Historia
Haz clic en cada evento para ver detalles:
Llegada del padre
El padre llega al cuartel con su canasto
Consulta con el centinela
Pregunta por su hijo al soldado de guardia
Espera en la guardia
Espera nervioso mientras los soldados ven la gallina
Zapata es informado
Le avisan que su padre lo busca, pero él lo niega
Encuentro frío
Reencuentro breve y decepcionante
Despedida dolorosa
El padre se va dejando la gallina para su hijo
📝 Práctica Calificada
Nombres y Apellidos: _________________________________________________________________
Grado/Sección: _______________________________ Fecha: _____________________________
I. Comprensión literal (8 puntos)
(Responde según lo que dice el texto.)
II. Comprensión inferencial (6 puntos)
(Interpreta lo que el texto sugiere o da a entender.)
III. Comprensión crítica o valorativa (6 puntos)
(Opina y reflexiona a partir de la lectura.)
Comentarios
Publicar un comentario